viernes, 25 de octubre de 2013

40 AÑOS DE TRABAJADOR..


Comienzo de una vida laboral

Había terminado mi actividad de trashumante en la ciudad de Oaxaca y me encerraba en un solo lugar –El Municipio de la Ciudad del Oaxaca de Juárez. Este 21 de Octubre se cumplieron 40 años.

El día  viernes 18 de octubre de 1972, mi padre me llevaría al Municipio de la ciudad que se ubicaba en 5 de mayo y Murguía nos entrevistamos con el Sr. Dagoberto Canseco Pérez  oficial mayor, después de un recorrido visual corporal a mi persona, realizó un desdén de aceptación y dijo que me presentara el lunes a un tiempo de prueba para ver si se me aceptaba como trabajador o no, aceptamos y salimos de la oficina, el día lunes 21 de octubre me encontré presente a las 9 de la mañana como se me había indicado en la puerta del municipio en 5 de mayo, este se encontraba cerrado y dude en tocar la puerta pero armándome de valor lo hice, primero con suavidad para que no se oyera que llamaba y luego un poco más fuerte, el toc toc entonces se escuchó por el conserje Daniel Reyes quien acudió a abrir, me miro y preguntó que quería, -que quieres, me dijo –creo me vio un poco amolado y tal vez pensó en que le solicitaría una limosna- le conteste con incertidumbre, es que me dijeron que viniera a trabajar, ¿Aquí? Pregunto el conserje, SÍ, le contesté, hecho a reír me miró y volvió a reír –yo no sabía si tenía que reír o que debía hacer, me quedé perplejo pero serio esperando una respuesta, ¿Hoy? Preguntó, Sí le contesté, y volvió a realizar la misma pregunta otra vez a lo que volví a responder lo mismo, hoy es 21 de octubre, me dijo, es día del empleado y no se trabaja, volvió a reír y dijo ven mañana a ver si te recibe el Sr. Dagoberto ja ja y cerró la puerta de madera sin más.


Diario “Oaxaca Nuevo”, Número 7239, Fecha: 21 de octubre de 1938
Fuente: Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado
Don Daniel tal vez creyó que se trataba de una broma que me habían hecho por lo que le resto importancia, el citarme un día en el cual no se trabajaba para iniciar a trabajar daba lugar a eso, a una broma, yo no lo pensé así, primero creí en que me había equivocado de lugar, me pasé a la otra acera y miré el portón de madera arriba del mismo decía H. Ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca, hacia arriba de encontraban los balcones con las ventanas cerradas, caminé unos pasos hacia el norte y vi que terminaban los balcones para aparecer otro edificio que un tiempo fue cine aun se leía el letrero ya deteriorado “Cine Landia” recordé que conocía ese lugar que al atravesar la puerta de madera se encontraban unos mostradores donde se vendían dulces y palomitas y estaban enfrente las taquillas se entraba por una cortinas rojas y aparecían las butacas y enfrente la pantalla del pared blanca, arriba estaba el balcón de donde se proyectaban las películas, bueno se me vino a la memoria que existían ratas que recorrían los pies de los asistentes que a veces hacían un escándalo al sentir el roce de ellas y la risa que despertaba a la gente, cubría las paredes del local una cortinas grises y antes del estrado existían unas puertas a los lados, el techo estaba bastante alto y un poco deteriorado las paredes estaban hechas de cantera, una ventana a la derecha cubierta y cerrada de madera permitía el paso de  lánguidos rayos de luz, aunque no barato si cómodo para las personas con varios hijos que los llevaban a la matiné, caminé hacia abajo y llegué a la esquina enfrente estaba el restaurant “La ilusión” con seis mesas, tres a cada lado una joven mujer que atendía el negocio, contra esquina de ella estaba una tienda en donde Don WiLy vendía tortas y refrescos para los trabajadores del municipio, detenido en esa esquina me quede mirando el reloj marcada las 9:15 Hrs, no tuve más opción que caminar hacia el centro recorriendo la calle de 5 de Mayo a esas horas vacía y limpia, pasé por el Cine Alcalá y llegué a la Iglesia de San Agustín  en donde me detuve para saludar a mi amigo el sacristán Miguelito.


Interior del Palacio Municipal de la Ciudad de Oaxaca de Juárez, antes de quitar el árbol para estacionamiento de los carros recolectores de basura. Al terminar de subir las escaleras, a la izquierda la oficina de archivo, a la derecha los inodoros y siguiendo por el pasillo –arquitos- la oficina de reclutamiento, sindicatura y Secretaria –no se ve en la foto.

EL Día siguiente 22 de octubre de 1972 a mis 15 años con 11 meses y unos días inicié mi vida laboral sin embargo solo era de prueba por un mes que después se prolongó a tres meses, conocí  a mis compañeras de trabajo a quienes estimé mucho pero a ellas les simpatizaba bastante mi escuálida figura y mi muy modesta vestimenta me acogieron como su hijo, como el mendigo llegado a la ciudad, ahí estaban Rosa Ruiz, Josefina Moreno, Gloria Reyes, Margarita Herrera, esta era la oficina de la Secretaria Municipal a un lado se comunicaba con una puerta para entrar al Salón de Cabildos y se continuaba con la Presidencia Municipal en donde trabajaban Josefina Lara, Martha Ramírez y estaba de mozo de aseo Froilán Ruiz, después se seguía la escalera para llegar a la planta baja, al otro lado –derecha- se encontraba la Sindicatura Municipal  con el síndico primero Lic. Castellanos, mas adelante estaba la oficina de Reclutamiento en donde trabajaban Antonio Sánchez Cruz y como mozo Isaías Salinas, siguiendo el pasillo se llegaba a una esquina y a los inodoros en donde existía los excusados y una regadera, se continuaba  a la derecha con la oficina de Archivo en donde trabajaban las secretarias Magdalena Reséndiz y Yolanda Díaz y como mozo Benito Trinidad, el Jefe era  Jorge Silva, abajo estaban la Oficina de Limpia, Recaudación, Hacienda, Tesorería, me di cuenta de  la indiferencia de muchos compañeros trabajadores, pero recuerdo a algunos con simpatía como a Felipe Velasco, Wilfrido, a algunos que me trataron con bastante hostilidad como Froilán e Isaías un poco don Daniel, pero también guardo muy gratos recuerdos como la de Cristina una güera de hermoso cuerpo que atraía a los compañeros y que por algún motivo a mi me tuvo mucha consideración y se empeñaba a enseñarme muchas cosas que no entendía cosas de oficina, fue como una tutora me decía como se llamaba cada cosa, que una engrapadora y como se usaba, la desengrapadora, la copia, el papel carbón, el uso de del papel membretado, etc., en fin me trataba como un bebé cuando la miraba sin entender lo que me decía me miraba y con gran ternura me acercaba a su regazo reía y me explicaba otra vez lo que no entendí, me enviaba a comprar una torta y un refresco para ella y junto me obligaba a comprar otro igual para mí, esa actitud les despertaba suspicacia y celos a mis compañeros que se burlaban de mí con alusiones que no entendía pero eso duró muy poco porque Cristy se fue sin que yo supiera porque o debido a que, espero que le haya ido bien porque en el fondo de mi corazón  la aprecié mucho por su desinteresado apoyo en esos momentos de adaptación al trabajo, ella trabajaba en Hacienda y no me correspondía estar en esa oficina pero me sentía a gusto pasar a verla y hacer lo que ella me decía, quizá le simpatizaba mi triste figura.

De derecha a izquierda: Isidro Hurtado, Margarita Herrera, Sergio Mario Martínez, Ana María Ramírez, Guadalupe Moguel, Rosa Ruiz y yo (Aurelio Cortés), en la oficina de la secretaría Municipal en 5 de Mayo y Murguía.


Sin embargo aprendí muchas cosas con mis compañeras Doña Josefina me ayudó a tener iniciativa y decía que existían grandes hombres que “así como tú, que salen de la nada llegan a ser grandes” refiriéndose que a base de esfuerzo se puede llegar a tener una profesión y buena posición social –digamos que estaba sentenciado por ella y obligado a ser “alguien”, en verdad fui tratado como un hijo para ellas, Margarita tenía un carácter bastante hostil y muy fácil se irritaba sin embargo todos tenemos esos sentimientos ocultos del perdón sin expresarlo y varias veces recibí su perdón por no saber hacer lo que ella me pedía, a pesar de su carácter nunca me ofendió y nos estimamos cada quien a su modo, Gloria era una secretaria muy eficiente y siempre exigente con ella misma para que todo saliera a la perfección y ella me enseño a escribir a máquina a no tener errores a ser meticuloso a dedicarse en cuerpo y alma a las cosas para que salieran bien, ella no tenía compasión con algo que saliera mal, jamás un oficio debe salir con fallas porque se deja mal no solo al secretario municipal o al presidente sino a todo el municipio decía, todo lo tenía ordenado y su memoria era excepcional porque recordaba en donde estaba tal o cual oficio, se empeñó en enseñarme taquigrafía y por ella lo aprendí que después me sirvió en mucho, Don Gabino era el secretario municipal pertenecía a la Familia de los García Aranda, su padre había escrito la canción de “la Tortolita” en ese momento desconocía el porqué “don Gabinito” era tan apreciado, me enviaba con su hermano Fernando y Fausto a dejarle cosas en la cafetería “Guelatao” en los portales del zócalo, mucho después ayude a instalar adornos y otras cosa en el Teatro Macedonio Alcalá porque se presentó en dúo Fernando al piano y  Gabino al violín en un concierto en donde fueron ovacionados por los presentes y que no me llamó la atención –tal vez por mi desconocimiento en el arte-, ahí me enteré que su padre había fallecido en el año de 1958 y fue creador de varias canciones vernáculas Oaxaqueñas, en la oficina, era Don Gabinito muy respetado- poco a poco se fue ganando mi respeto- ja ja, yo en verdad desconocía todo lo que la sociedad venía conservando en ese tiempo yo a don Gabino lo respetaba porque imponía respeto y su mandato era la Ley, fue mi jefe y le obedecía solamente, nunca tuve una plática con él algunas cosas que recuerdo de él fueron que me enviaba a su casa en J.P. García para llevar o traer mandados a su esposa doña Carmelita ella era muy atenta y muy respetuosa pero sin exagerar, adoraba a su esposo y lo tenía en lo más alto –cierta vez me conto Isidro el otro mozo que fue a dejarle el pan o algo y carmelita le dijo déjalo ahí en la mesa pero que cuando el bajó la mano le tocó el trasero porque ella se arrimó para tras accidentalmente, que crees que pasó me preguntó- no sé, le dije- nos quedamos mirando. Dijo Isidro-, y luego nos carcajeamos y me dijo la señora carmelita, no le vayas a decir nada a Don Gabinito- ¡A cabrón de le dije ahorita le voy a decir yo! Y reímos mucho, Isidro y yo.
Pasaron los primeros 30 días de prueba y no sabía si iba a trabajar o no en el municipio y no me llegaba ninguna paga, me desesperaba que había poco trabajo como mozo de aseo me tocaba hacer el aseo de la secretaria municipal su pasillo y después ir a entregar los oficios a la presidencia o al archivo y a esperar que avanzaran las horas hasta que a las secretarias les apetecía algo e ir a comprar una torta y un refresco a la tienda de la esquina y regresar y esperar que mas hacer, así pasó noviembre y diciembre del 72, recuerdo que el 23 de diciembre me acerqué al zócalo y vi a mi jefe Dagoberto estar apurado organizando los stands para la noche de rábanos y dude en acercarme para ayudar, me arme de valor y le dije que si quería que le ayudara, me miró y dijo que sí, me ordenó que hiciera eso y aquello y yo estaba orgulloso de ser útil y trabajamos la noche para terminar ya pasado de la 2 de la mañana sin embargo esa actitud me ayudó mucho porque a partir de ahí el jefe sabía que podía contar conmigo y llegó mi primer sueldo $150.00 pesos, nunca había visto tanto dinero junto, ya que como bolero cuando mucho lograba $10.00 pesos al día cuando era un buen día, estaba más que feliz  después me llegó mi nombramiento como Mozo de Aseo de la Secretaria Municipal, recuerdo que despertó cierta envidia de algunos compañeros pero sin hacer mucho caso seguí en el trabajo, entonces el jefe armó un grupo de trabajo en donde estábamos el Güero Sergio Mario Martínez, Isidro Hurtado, Froilán Ruíz, Rodolfo Aragón encargado del aparato de sonido, Dagoberto y yo que era el más chico tenía entonces 16 años, encontré en el municipio una casa ya que me quedaba a estudiar porque


De izquierda a derecha: Isaías Salinas, el Jefe Dagoberto Canseco, yo (Aurelio alias Domingo Cortés), Rodolfo Aragón, arriba de la camioneta Froilán Hernández, Juan Cortés e isidro Hurtado. Equipo de trabajo del Municipio 1973.


 De pie, Carlos Cortés, Isaías Salinas, yo, Rodolfo y Sergio Mario Martínez, arriba, Isidro, Froilán y Juan. En la camioneta donde tuve que aprender a manejar después.








en mi casa no teníamos luz eléctrica y allá sí, además  había regadera para bañarse y bastaba una torta y un refresco para llenarme o si me daba tiempo iba a comer al mercado 20 de noviembre en donde mi madrecita tenía un puesto de comida llamado la Mixtequita, mi rutina era si me quedaba a dormir en el municipio despertaba temprano para hacer el aseo de la oficina, me bañaba y salía a almorzar con mi mamá o ahí mismo con un jugo y un pan, trabajaba de 9 hasta las 3 de la tarde y entraba a la secundaria Vicente Guerrero a las 4 de la tarde si llegaba antes solía jugar futbol con los compañeros de la secundaria y después entraba a clases sudando y apurado, es decir era un chico de los más normal, salía de la secundaria a las 9 o 10 de la noche y a caminar de regreso al municipio para estudiar y dormir y si me iba a la casa al salir de la secundaria allá por la casa de la cultura en la calle de González Ortega caminaba hasta mi casa de Santa Anita algunas veces pasaba al mercado y mi madrecita me esperaba para cenar e irnos todos caminando por la calle de 20 de noviembre hasta llegar al puente Porfirio Díaz y llegar a la casa a las 11 o 12 de la noche sin importar si lloviera y hiciera frío, solo llegábamos para dormir unas horas y despertar a las 6 de la mañana para llegar al trabajo y hacer el aseo para que estuviera limpiecito antes de que llegaran los compañeros de la oficina,, ahí terminé mi secundaria y como era particular con lo que me pagaban en el trabajo pude costear mis colegiaturas para terminar.
En la ceremonia con el Presidente Municipal Interino C. Luis Felipe González del Valle y los familiares de Maestro. 


 En la develación del Busto del Maestro Gabino García Aranda, instalado en el Jardín Sócrates (de la soledad). Abajo los hijos del extinto Maestro; Fausto, Gabino y Fernando García Pujol. Arriba yo mero haciendo la develación con mi única camisa verde de guayabera, Al fondo la Plaza de la Danza.

En ese edificio de 5 de mayo y Murguía ocurrieron algunas cosas, creo que por el año de 1973 por algún motivo no hubo cosecha del maíz y se escaseo, entonces el desabasto ocasionó que la gente se inconformara y el  Municipio para paliar ese problema compró toneladas de maíz para la población y se le encargó a sr. Felipe Velasco la venta del mismo y a mí como su ayudante, teníamos que descargar los carros de maíz cada bulto pesaba como 30 kilos nos lo echaban al hombro y lo debíamos llevar al corredor en donde se organizó la venta de diez kilos por familia, al inicio funcionó, pero la gente siempre lista llevó a sus familiares, hijos, hermanos, tíos, abuelos, etc., de tal forma que cada familia se llevaba de 50 a 70 kilos pero lo sorprendente era que no lo utilizaban para su consumo sino para venderlos en el mercado negro de tal forma que nosotros los vendíamos a un peso el kilo y ellos lo vendía hasta cinco pesos por kilo lo que originó que solo se vendiera a un solo integrante de la familia los diez kilos originando disgusto a la población y nosotros los encargados de venderlo éramos vapuleados con una serie de vituperios y los más enconados, porque la mayoría eran señoras del mercado, tortilleras de todas las poblaciones, estoicamente aguantamos todos los insultos con o sin razón, ese equipo lo integramos Felipe Velasco, Sergio, Isidro, Filadelfo, y los de limpia que se les indicó que tenían que descargar el carro, el trabajo fue tan severo que nos perdíamos el día en ello.



Venta de Maíz para paliar el desabasto en el año de 1973, en la parte de abajo se encontraba la báscula y la gente hacía la fila subiendo por las escaleras hasta la parte alta o hacía afuera del municipio llegando hasta la calle de reforma (escuela primaria Abraham Castellanos)..


Cierta vez rentaron el local del municipio para la realización de un baile en donde de cobró una cantidad para beneficio del Municipio, mala decisión ya que terminó en una guerra, recuerdo que nunca había asistido a un baile y tenía muchas ganas de conocer  a la presentación del famoso grupo musical de ese tiempo llamado Acapulco Tropical y la Luz Roja de San Marcos, en la parte de abajo se instalaron mesas en el patio, en los corredores se instalaron los conjuntos frente a ellos en el otro extremo se encontraba una bodega en donde se guardaba todo lo que el ayuntamiento decomisaba a los infractores, así que había varias cosas, lámparas, focos, mesas, candelabros, bicicletas, alfombras, etc., etc., nadie podía entrar a ese local sin autorización del Jefe de inspectores, eso era para que nada se perdiera puesto que los dueños lo podían reclamar después de pagar su multa, pues bien, me colé sin pagar entrando por la biblioteca municipal que se encontraba colindando con el edificio de la Logia Masónica sobre la calle de Murguía, recuerdo que el Sr. Filadelfo me permitió pasar, me ubique en la parte alta del edificio en donde se encontraba la secretaria municipal ya que los corredores de la parte alta también tenía mesas todo en derredor, el baile comenzó y todo tranquilo el primer grupo “Los Polirritmicos” abrió el espectáculo con sus canciones que le dieron fama, pasaron las 2 primeras horas, hicieron la presentación del grupo Acapulco Tropical que tardó un buen tiempo en salir y la gente se empezó a fastidiar cuando ellos salieron fue un alboroto total entre chiflidos y aplausos y mentadas de mamá empezaron a tocar, los ánimos se fueron calentando y empezó la trifulca los de arriba contra los de abajo primero con envases de refrescos y después con sillas y todos a correr, yo veía con asombro el espectáculo tirado en el pasillo como se golpeaban en serio y se daban de sillazos y con todo lo que encontraban, vi como un grupo de gente forzó la puerta de la bodega logrando tirarla y entraron a ella y salían con varias cosas a rastras, bueno yo tenía una combinación de miedo, inconformidad porque habían entrado a un lugar secreto como la bodega y se estaban robando las cosas y empezaron a gritar que llegaba la policía y todos corrimos como pudimos para salir y no ser aprendidos, creo que mi miedo era que me fuera a agarrar la policía y me encerrara porque no pague la entrada para mi ese fue mi mayor preocupación por lo que salí corriendo y no paré hasta llegar al teatro Macedonio Alcalá y de ahí vi que la policía se entretenía en detener a todos los que podía, así pasó mi primera asistencia a un baile popular, cuando volví a ir a otro? No lo recuerdo. El lunes siguiente todo el edificio era un caos y la plática entre los compañeros fue sobre eso y hablaban de tal y cual cosa y yo calladito ni una palabra y cuando me preguntaban si estuve yo lo negué no solo tres veces sino todas hasta el Sr. Filadelfo diría alguna vez que yo estuve en ese baile y yo lo negué siempre, mi mayor temor fue que se dijera que entre al baile sin pagar.


Con el paso del tiempo Isidro y yo nos llevamos muy bien, el fue mayor que yo creo unos 8 años y nos defendíamos de los otros malosos como Froilán, Isaías, Benito, y otros, la envidia era que los dos estudiábamos y trabajábamos y progresábamos en el estudio y también éramos consentidos del jefe –claro que Isidro y yo peleamos una vez bastante fuerte, nos golpeamos quien sabe porque y sí nos lastimamos pero nadie rajó y no teníamos otra opción que trabajar juntos y finalmente nos apreciamos porque nos apoyamos  entre los dos, teníamos que entregar documentos a diferentes dependencias ya del gobierno del estado ya a particulares a comercios, etc.,. entonces lo hacíamos caminando, vimos que había dos bicicletas decomisadas que estaban a un lado de lo que había quedado de la bodega y tramamos hablar con el jefe para usarlo para entregar la correspondencia no nos atrevimos luego luego y cada vez que decidíamos hablar con el jefe terminábamos cohibiéndonos, nos echábamos la pelota y él me decía dile tu, no le decía yo, dile tu, y una vez nos armamos de valor y le dijimos los dos, sabe que jefe es que queremos utilizar esa bicicletas que están ahí para entregar la correspondencia más rápido y etc., etc., se nos quedó viendo el jefe y dijo déjenme decirle al presidente municipal porque no es de nosotros  y pueden venir a sacarlo, ha pero también queremos que los compongan, o sea limosneros y con garrote dijo el jefe y pasó un tiempo y bajo oficio del presidente y secretario municipal se autorizó para que la tesorería pagará la reparación y posterior dotación de dos bicicletas a los CC. Isidro Hurtado Ramírez y Domingo Cortes Peralta (o sea yo) para uso del Municipio, contentos llevamos a reparar las bicis a una reparadora llamada Servicios Unda ubicado en aquel tiempo en la calle de Porfirio Díaz junto a la iglesia de Carmen Bajo, creo diario íbamos a ver si ya estaba nuestra bici hasta que llegó el día que nos dieron las bicis no sin antes firmar de recibido y con copia al C. Jorge Martínez Gracida y Gabino García Pujol Presidente y Secretario Municipal, haciéndonos responsables del buen uso de las bicis, así felices íbamos rápido a los mandados y a entregar correspondencia, mi bici era sin cuadro como las de mujer porque era el mas chiquito y el de Isidro era normal porque estaba más alto que yo, mi bici tiene su historia porque para ese entonces ya asistía a la prepa dos de la UABJO y fue mi medio de transporte muy querido y digo que tuvo su historia porque me lo llevaba a la prepa y lo dejaba ahí junto a un árbol y cuando salía ya lo tenían jugando los muchachos y muchachas de la prepa, solo les decía confiadamente, es mío cuando lo desocupen me le dejan aquí y sin problemas me lo dejaban por donde sea pero ahí estaba, entonces digo que existía gente honrada, inclusive algunas veces me lo pidieron para ir a manejar al campo Venustiano Carranza que quedaba cerca y se los prestaba y me lo regresaban, en esa bici a veces íbamos varios cuatro o cinco, de la prepa, Isidro (otro Isidro), Barrita, el chocolate, Ojeda, Arrazola y yo, uno en cada diablito otro sosteniendo el manubrio otro en el asiento o como se pudiera lo llevábamos por todos lados, lo dejábamos por ahí tirado y del mismo modo regresábamos así íbamos al campo a jugar o al centro a pasear o a divertirnos, en una ocasión, Isidro (el otro) me pidió prestada la bici y se lo di, después me contaron que iban él, Ojeda, barrita y Chucho en la bici y por una calle de la noria antes de llegar al periférico se le atoró una pierna a Ojeda, la situación fue que Ojeda se encargó de empujar  la bici y después se debería de subir, así que empujó pero cayó en una de las pichanchas nuevas que había puesto en esa calle y se atoró su pierna, cuando le dijeron súbete, súbete, él gritó que no podía sacar su pierna, entonces se bajaron de la bici y caminaron de regreso todos para ayudar a Ojeda y dejaron la bici estacionada en la esquina, pero sacar la pierna de Ojeda no fue fácil, fue todo un show ya que un tráiler debía entrar en esa calle pero como estaban los compañeros luchando para sacar la pierna se bajó el chofer del tráiler y obstaculizo el periférico porque se había abierto para dar la vuelta, bajó una barreta pero fue imposible porque podía lastimarle la pierna una señora salió y trajo aceite de cocina que le untó en su pierna atorada y trataron de traccionarla y no salió, alguien dijo que en el otro extremo estaba más ancho y se lo llevaron a rastras y tampoco les resultó la maniobra, preocupaba a todos porque la pierna se estaba inflamando y cada vez era más difícil extraerla, finalmente con una maniobra de un señor se logró sacar la pierna, llamaron a la Cruz Roja pero Ojeda dijo que estaba bien y no permitió que se lo llevaran, -más por pena y vergüenza- así que con apoyo de los compañeros empezó a caminar y ya se regresaban cuando un niño llegó corriendo para decirles, oigan no es su bici la que está ahí?, fue cuando se acordaron de la bici y dijeron ha, si, es nuestra, así que me llevaron la bici pero en ese momento no me dijeron nada para que no me fuera a enojar, así que esa bici le duró mucho hasta que me la robaron en Santa Anita por mi casa en donde lo dejaba encargada por la noche, supe quien me la robó pero, ah, se lo dejé, total.
Zócalo de nuestro tiempo, estas bancas después fueron llevados a la avenida Porfirio Díaz en donde aún se conservan algunas.

Cierta vez Isidro y yo quisimos explorar lo que había adentro de lo que fue el cine landia y una tarde nos metimos por una puerta vieja de madera que tenía un hoyo y que siempre nos invitaba a entrar la puerta colindaba con el patio del municipio y quedaba a un lado de la bodega, pues bien, aquella vez dijimos puto el que no entre, ya vas, fue la expresión y quitamos la madera que servía de protección al lugar, entramos y caminamos entre las oscuridad completa, el iría adelante y yo detrás pero en algún momento nos separamos porque había restos de madera y fierros viejos que impedían el caminar, nos comunicábamos con la voz,, por donde estas, era el grito, por acá se oía  conforme avanzamos llegamos a lo que fue la cárcel de Santa Catarina, existía cuentos que allá había “penas” fantasmas de gente que murió y sus almas vagaban por ahí, nosotros nos reíamos para ahuyentar nuestro miedo mientras más caminábamos entre la poca luz de la tarde y una gran cantidad de arbustos y matorrales con telarañas existentes, nos gritábamos ¿En donde estas? Y la respuesta de uno y otra era ¡por acá! Sin que nos viéramos, ¿Tienes miedo? ¡No! Y ¿tu? ¡No! Pero en realidad yo si tenía miedo porque se oscurecía y de pronto no encontrábamos la salida, llegué al otro lado de la calle porque había una puertecita por donde penetraba lánguidos rayos de luz, empuje fuerte para vencer la puerta y porque ya quería salir de ahí y no lo logré, así que en ese momento desconocía en donde estaba, mi temor aumentó y me empezó a entrar una sensación de miedo, así que corrí para salir ya nuestras voces no se escuchaban o como no los oía creía que Isidro no me quería contestar, así que corría quien sabe para donde, me tropezaba con las ramas y caía me paraba y volvía a correr sin  dirección, empecé a oír los gritos desesperados y distantes de Isidro, donde estas? Cabrón ¡contéstame! Gritaba y yo dije ahora no le contesto, aunque también no podía gritar fuerte, creo por el miedo de que no pudiera salir de ahí, se oscureció y seguimos gritándonos hasta que logramos escucharnos, vente para acá me gritaba, ¿por donde? Preguntaba, por donde estas, pues quien sabe le contestaba, nos dejamos de oír nuevamente por un rato y finalmente le oí decir vente por acá ya encontré la salida, por donde le grité, sigue mi voz, y eso fui lo que hice y pude llegar a donde estaba el, la palidez de nuestro semblante nos hizo reírnos bastante cuando ya logramos salir, pareces muerto, y tu también nos decíamos, ¿te asustarte? Si le conteste yo también, para ese entonces ya se había oscurecido, nos sentamos en el suelo y cada vez que nos veíamos, nos reíamos mas de nerviosismo que por otra cosa. Por un tiempo no dijimos nada, hasta que alguno de los dos contó algo y recibimos regaños de todos, de las secretarias y de los jefes y se dijeron muchas cosas, creo para sembrarnos miedo para que no repitiéramos esa odisea, se dijo entre otras cosas, que los que habían entrado en alguna ocasión, se habían perdido y murieron sin que nadie supiera de ellos y que las almas y etc., etc., claro lograron su objetivo porque nunca repetimos esa exploración.
La rutina continuó los miércoles se realizaba las sesiones de Cabildo y debíamos tener limpio el salón, así que nos coordinábamos los mozos para limpiar todo, el estrado estaba de norte a sur, en el norte estaban las sillas de madera bastantes pesadas que por cierto no aguantaba y provocaba risas entre los otros, estaba la silla que José María Morelos y Pavón  ocupó cuando tomó y sitió Oaxaca, y que nadie debería sentarse “porque nadie tenía el honor de hacerlo” sin embargo como es natural nosotros nos sentábamos como provocación o rebeldía, las autoridades se sentaban en sus respectivas sillas el Presidente, a un lado el Secretario, los síndicos y los regidores, se contaba con una orden del día y se daba lectura y si se aprobaba se iniciaba la sesión, discutía varias cosas a veces a puertas cerradas y a veces abierta al público, al sur del salón se encontraba un cuartito que contenía péndulos del reloj municipal y que daba cada 15 minutos el “tan tan” y la hora, así que el que más tardaba era el de las 12 hrs, a veces se descomponía y generalmente le daban mantenimiento especial.
Este mercado se encontraba en las calles de J.P. García y Zaragoza (ahora mercado de artesanías) vendían todo tipo de canastos, petates individuales, matrimoniales y King size además de barrederos y otros productos de la palma y cerámica.
Nuestro camión que utilizábamos, el cuarteles-San Juan, o el Circuito Panteón  y también el xoxo-mercado.

Por el año de 1974 el municipio fue removido al edificio de independencia y García Vigíl, este edificio fue un hospicio de niños y acondicionado para el municipio ya que eran los tiempos del autoritarismo priista y por órdenes del Presidente de la República  Echeverría Álvarez el edificio de Murguía y 5 de mayo pasó a Nacional hotelera una empresa privada de dicho presidente,  junto con ese edificio se posesionaron del edificio de Santa Catarina de Siena, del cine Landia y quisieron utilizar la escuela primaria Abraham Castellanos como estacionamiento cosa que no lo permitieron los padres de familia -realizaron una férrea defensa- y tampoco la Masonería “Benito Juárez García” permitió que se afectara su edificio, así que el hotel Presidente y ahora Camino real ocupa un edificio que no le corresponde y que debe ser rescatado por la sociedad. 
Calle de Hidalgo, en la esquina se encontraba la “Primavera” donde vendían discos y artículos para regalos, en la alameda aún se encontraban los vendedores de nieves y el sitio de taxis “Alameda”.

Hasta aquí un relato ocurrido en el Municipio de 1972 a 1973, para el año de 1974 se inauguraría el Observatorio "Punta Vista" Ahora Canuto Muñoz Mares, el municipio se trasladó a García Vigíl e Independencia y muchas cosas sucedieron, aquí solo algunas fotos. La Mayoría de las fotos fueron proporcionados por el Sr. Lic. Dagoberto Canseco Pérez mi exjefe, mis agradecimientos por su confianza.

Instalación de la cúpula del Observatorio

Inauguración del  Observatorio y puesto en marcha para el público.

Vista desde la parte sur.




Se dio oportunidad al público observar a través de los telescopios, durante la inauguración, fueron instalados 4 de ellos.




Ceremonia de Inauguración a cargo de las Autoridades Municipales y de Palo Alto California.











Otra actividad desempeñada fueron "los Domingos Populares" que organizábamos todos los domingos con la presentación de artista invitados e inventados.

martes, 1 de octubre de 2013

 Mi Relato
Habrase preguntado alguien, alguna vez en la vida, ¿cuantos años vivirá?, tal vez no, pero tal vez por lo menos todos los años después que uno cumple los 50s.
Todo comenzó una noche previa, los dolores de parto se hicieron intensos- así lo cuenta la mamá-, la noche del 10 de noviembre, con el frío intenso del pueblo, a los 2,300 mts sobre el nivel del mar, en una fiesta, una boda, tal vez, inició este dolor, pensaba dijo, que ya la hora del parto se acercaba, así que tratando de aguantarme, no hice caso, primero porque el rancho en donde estaba, era distante de la casa, y lo otro que no quería salir de la fiesta, pero los dolores arreciaron y para las dos horas siguientes, estos eran tan intensos que fue mejor pedir ayuda a la comadre litaambocho, para irme a la casa, así a la mitad de la noche oscura y caminando por la vereda me regresé sola porque la comadre solo me encaminó, mucho temí que en el camino se saliera mi hijo, dijo, por lo que en los momentos que no tenía dolores corría, pero cuando estos comenzaban me hacían sentarme y esperar si ya iba a salir, bueno, que esto fuera ya, pero a mitad de camino se fue retirando poco a poco el dolor, me permitió llegar a la casa, había caminado aproximadamente 2 hrs o más, en medio de la oscuridad, evadiendo a los perros que no permitían llamar a alguna de las pocas puertas existentes en el pueblo, la luz de las estrellas me permitieron llegar tal vez a las 3 ó 4 de la mañana, también pasé el río grande, el agua me llegaba hasta la cintura, ahora creo que tal vez ese balde de agua helada que le di a mi cuerpo y de paso a mi matriz, de pasadita además al hijo que traía, tal vez sirvió para inhibir las concentraciones, porque el agua sí que es helada en ese río, los cristales de hielo que se forman en las orillas al pisarlos, el dolor no son en los pies descalzos, sino en la cabeza, que tiene que ver la cabeza, decía yo, si con los pies piso, en fin llegue a la casa.
¡¡ Reyna, Reyna Corre!! ve a traer a la partera porque ya viene tu hermanito, corre, dile que venga rápido
Si mamá, aunque de mal humor ya levantada, buscó de entre sus cosas, su rebozo, no se preocupó por sus zapatos porque no tenía, salió pensando, ¡otro hermanito!, como si no fueran suficiente los cinco que ya habían, ¡otro?, y para que, púes, otro, de comer no hay mucho, dinero, de donde, que acaso no piensa mi mamá en que ya no debe tener más hijos?, pensaba también en que se tendría que encargarse del niño, que ella, la mayor, sería la que cargaría al recién nacido, y tendría que lavar los pañales, y darle de comer y buscar la nana que amamantaría al bebé el tiempo de cuarentena, y cuando llorara y no se calla y cuando tiene frío, y con que se va a vestir…, la sobresaltaron los ladridos de los perros que le salían al paso, por lo que se hizo de un palo y con ello se defendió dando de palazos a diestras y siniestras a los perros que sorprendidos se quedaron viendo y emprendieron la huida ante la decisión de la niña de 10 años de edad que no se intimidó ante las feroces bestias, pero su coraje lo había desprendido de esa forma, después de atravesar los cultivados campos de maíz, fríjol y calabaza logró llegar a la casa de la comadrona…
¡¡Doña cata!! Doña Cata, dice mi mamá que se apure, que ya va a nacer mi hermanito!, repitió otras dos veces el llamado, hasta que la puerta de carrizo fue abierto y una voz gutural inaudible, dijo algo, o trato de decir algo.
¿Quién ess tu mmmammm?
¿Mande?
¡¡Quien es tu mamá!!,
Ha, este, tina, tía tina, tinamiguel
¡¡Haaa!!, haaaa, vamos, tu sola vienes?
¡Sí!
Regresaron, cuando ya los primeros rayos de la mañana empezaban a querer atravesar las densas nubes grises, una vela de la comadrona iluminaba el camino antes oscuro, el viento trataba de apagarlo y las manos de doña cata hacían lo propio para evitarlo, reina rió en sus adentros, si se quema la señora, el grito que va a poner, sus descalzos pies de la señora eran firmes y caminaban solos, parecía que ella caminaba dormida y que sus pies la llevaba, sus cabellos rancios se lograban ver cada vez que la tenue luz de la vela lo iluminaba, el rebozo en la espalda le cubría la mitad y la otra mitad le caía hasta el suelo, varias veces reina se vio tentada a recogerle su rebozo y pasárselo al otro lado del hombro, pero no se atrevió, esta vez los fieros perros no ladraron, solo se quedaron mirando a la pareja, tal vez porque eran ahora ya dos, o porque ya estaba amaneciendo o tenían frío y prefirieron seguir enconchados.
Tía tina, nii, que ya tiene dolor?
Ya, se me quitó, tuve toda la noche doña cata, pero ahorita ya no, pensé que ya era la hora, pero ya no tengo dolor
Así pasa, nii, le salió agua?, se le rompió la fuente?
No, no creo.
Pero está mojada su ropa.
Es que fui a traer agua ahorita al río
Entonces me voy, y si vuelve el dolor me manda a su chamaca a avisar y vengo, tía tina.
Gracias, doña cata, así le voy hacer y perdone, pero si tenía mucho dolor y …
Está bien, voy y vengo
Salió de la casa de madera del rancho, el rebuznar de los burros hizo difícil entender que más dijo doña cata al levantar la punta de su rebozo lleno de lodo que sacudió enérgicamente, y guardo su vela ya apagada en la bolsa del mandil, el perro lo acompaño con sus ladridos hasta la bajada para tomar el camino real perdiéndose rápidamente.
Que pasó, pensó reina, pero no preguntó nada, solo se quedó mirando a la mamá.
El resto del día no hubo dolor, pero la mamá pensó en él todo el tiempo, lo que tendría que hacer, su marido estaba en ese tiempo en el norte en San Quintín trabajando, se había ido de  bracero con su compadre Ambrosio tío lencho y otros 2 del pueblo, ray de 12 años y santos de 6 estaban encargados de cuidar los pocos chivos que tenían, reina se encargaba de hacer la masa, las tortillas y todo lo que la mamá le mandara, francisca de 4 años era la nena y podía hacer pocas cosas además de llorar para llamar la atención de la mamá que obviamente ocupada en ir a traer la leña, el agua y hacer el desayuno no le ponía atención, así que cuando se cansaba de llorar, sola se callaba, así eran los niños.


La mañana del día 11 cambió, a las 7 de la mañana, nacía yo, abrí los ojos por primera vez, habían pasado los pujos de la mamá y los esfuerzos desesperados hasta que salí, la partera orgullosa del parto me atendía con un lienzo limpio, que no nuevo, con movimientos agresivos frotaba mi cuerpo de pies a cabeza en parte para secarme del líquido amniótico que me inundaba o tal vez del verde meconio y en parte para estimular la primera respiración que ya se había prolongado y no se presentaba, mama tina, y reina se habían quedado mudas.
¡¡No jala el resuello!!, decía angustiada doña cata, la partera.
Dele su nalgada, inquirió la mama
Un leve quejido apareció de mi garganta, ¡¡Jhiuuu Jhiuuu!! apenas perceptible, la partera se apresuró a frotarme el trapo en el pecho, un grito apareció después y otro rato aparecieron los primeros lloriqueos a pulmón batiente, el frío invierno hizo que yo sintiera la intemperie por primera vez, el viento atravesó todo mi cuerpo fugazmente y sentí como un baño de lo más frío que pudiera existir en la tierra, depositado entre las sabanas limpias mientras ocurría el alumbramiento, el líquido de la espalda ahora estaba tan frío, que el organismo apresuraba los movimientos de pies y manos para tratar de evitar ese proceso físico de traducción, las tijeras se olvidaron y reina se encargaría de buscarlas en el baúl.
¡Sino, trae un cuchillo siquiera!, dijo la partera
Pero aparecieron la tijeras y con una fricción enérgica con la sábana, rápidamente quedó estéril, realizando el corte del cordón umbilical, apareció el sangrado que se cohibió con un poco de café en el extremo, y dio tiempo para realizar la lijadura cerca de ese mismo extremo del niño, la parte de la madre, lo correcto es dejar que sangre, porque así sale más rápido la placenta, ya arropado y una vez extraído la placenta con un jalón discretamente fuerte, fui acercado a la mi mamá, quien me tomo entre sus cansados brazos y acercado a su regazo, el calor rico de la madre hizo tranquilizarme y callarme por un momento hasta que fui separado para ser llevado a la matrona para mi alimentación láctea ya los senos de la madre no son de utilidad la primera leche, debería de tomar bastante agua y alimentarla bien antes de alimentar al niño recién nacido
¡Hay que chiquitito esta! dijo con voz firme tía Tere
¡tienes hambre? me preguntó, obvio le contesté, claro sin emitir palabra alguna, pero sí perplejo ante la presencia de la desconocida, de pronto me vi presionado a su pecho y sin opción alguna tenía que succionar de la leche de la desconocida.

El tiempo pasó sin memoria alguna, sin más que orillado en algún lugar de la casa, mamando y llorando, que más podía hacer una indefensa criatura ante los embates de la naturaleza, a veces la visita del perro que lengüeteaba mi cara tal vez dándome protección antibacteriana, nunca se lo agradecí.   

La única fotografía es fortuita, alguien llevó una cámara para tomar fotos a algunos señores y por casualidad se encontraban mis padres, en ella, me encuentro con unos granos en la cabeza tal vez unos nódulos bacterianos, mi escasa cabellera y el prurito como se ve en la foto, mi padre con tenis y mi madre descalza, junto a una casa de adobe con algunos señores desconocidos

¿En dónde estaba entonces?
El pueblo se había llamado Yucuñudahui, llegaron unos sujetos güeros que se apoderaron de toda la república y se hicieron dueños de ello, nos impusieron un dios al que había que venerar so, pena de ser azotados, castigados y asesinados si esto no era así, nuestros dioses eran visibles a través de unas piedras, y nuestros nombres eran 8 venados, garras de tigre, 4 venados cuerno gris, Yocoñooy, etc.
Yucuñudahui para los invasores no significaba nada para nosotros todo, decidieron que el pueblo se llamaría San pedro Tidaa, la resistencia fue vana, y hasta nuestros días más de 500 años después la resistencia indígena permanece viva, nuestra cercanía con el señorío de Tilantongo no fue relevante y fuimos sometidos a la religión católica más por miedo a morir en manos de los españoles que  por la fe religiosas, así lo cuenta la historia.
Me tendrían que poner un nombre y lo pensaron mucho, según el calendario de Galván (¿¿??), me tendrían que bautizar obligadamente con un nombre santo (¿¿??).
¡Le ponemos Martín! dijo tía lita la que sería mi madrina,
¡¡No!! Porque Martín se llama el loco que anda por ahí en el pueblo, inquirió mi mamá
Bueno entonces como su papá Miguel
Mejor como nació en día domingo, le llamamos así, Domingo.
O Isidro como su abuelo, bueno vamos la autoridad a haber que dice.
Había terminado la deliberación del nombre, mi padre lejos del pueblo sería la persona que decidiría que nombre ponerme, pero él estaba en el Norte de bracero, así que la autoridad decidió ponerme Martín Miguel, y se asienta en el acta ese nombre diciendo, se presenta el sr. Miguel cortés soltero de 40 años indígena puro quien presenta a un niño. Etc.
Días después con la presencia de mi padre el me pondría mi verdadero nombre, ahora me llamarían Aurelio Domingo.
El tiempo siguió su curso, ahora con un nuevo habitante en el planeta tierra – yo-.                


Cierta mañana desperté en el campo, al abrir los ojos vi las milpas más grandes del universo, se alzaban con varios brazos verdes y de dos a tres capullos gigantes, le salían de dentro unos cabellos amarillos que colgaban a los lados cubiertos al igual por grandes hojas verdes, mire al otro lado y vi igual unas milpas diez veces más grandes que yo, frondosos y gruesos, al volver hacia atrás y hacia delante el panorama era igual, me trate de incorporar apoyándome del suelo también verde y un rebozo que había dejado de ser mi protección, camine unos pasos, estupefacto, más arriba trataban de entrar entre las milpas unas nubes grises, pero las milpas con movimientos de un lado a otro se quitaban a las nubes se corrían para otro lado, nubes blancas más allá donde podía ver, ¿qué es esto? me preguntaba, no sabía si era realidad o sueño, pero las milpas intentaban limpiar con sus movimientos todas las nubes, quizá era la primera belleza de la naturaleza que veía, volví a caer en los matorrales, esta vez no trate de levantarme y permanecí viendo la lucha entre las milpas y las nubes y por más que se movían las milpas, no se lograban quitar todas esas grises nubes.
¡Ah! ¿Ya te despertaste? pregunto una voz que yo conocía, pero que no sabía de donde venía, ¡ahorita voy! repitió, parecía venir de todos lados y volteaba a ver de dónde venía, pensé ¿las milpas me están hablando?, ¡ya voy! ¡Ya te vi! repitió la voz, me quede mirando a las milpas son tantas que no sé quién me habla; se oyó el crujir lastimero de las hojas tiradas ante los pasos que se acercaban pero que no llegaban, finalmente se aparece mi madre, ¡a como adoro a mi madre!, me dije, cuando no sabía que tanto pasaba ahí estaba ella.
¡bueno! párate, me incorporó me agregó en mi espalda un canasto y una cinta en la frente y depositó algo en el canasto, lo trataba de ver, pero ella me tomo de la mano y me haló, recogió su rebozo que se enredó en su cabeza y caminamos, logré de reojo ver, que en el canasto había depositado una mazorca, esa que antes estaba en la milpa, tocaba esos cabellos amarillo tan lisos que salían de la mazorca, los acaricié nuevamente con mi mano y lo jugueteaba entre mis dedos, que agradable sensación, contrastaba con lo duro del suelo que mis descalzos pies pisaban, no sé porque la prisa de mi madre, pero corría tratando de alcanzar sus largos pasos, salimos de esos terrenos y ahora caminábamos en el frío suelo entre tierra y piedras, y volteaba a ver a las milpas que se alejaban cada vez más, ¿Por qué se irán las milpas junto con las nubes?, tal vez al fin las nubes habían vencido la lucha que tenían y ahora se lo llevaban, porque las nubes se habían vuelto ahora negros, de pronto un jalón en el brazo me hizo estremecer, me dolió bastante, ahora volaba para caer en los brazos de mi madre, quien me cubrió la cabeza y todo quedó oscuro, fuertes gotas de agua golpeaban en mi espalda y solo veía de vez en vez luces intensos de relámpagos y estruendos que taladraban mis oídos, eran de los rayos que caían en algún lugar, me tome fuerte del cuerpo de mi madre, ahora ya empapados, un tiempo después llegamos a un lugar en donde la lluvia ya no mojaba, aun cuando se oían los relámpagos y rayos que seguían cayendo, pero si entraba un viento helado por todos lados de la casa de carrizo y techo de paja, me dejo en algún lugar mi madre alguien fue y me acerco al fogón y el calor me hizo sentirme diferente, me acordé de mi mazorca y lo busque en mi espalda, lo tome entre mis brazos y pase los cabellos amarillos sobre mi cara, pero cuando no eran los cabellos su cubierta era rasposa, vaya bastante rasposa, alguien llegó y me quitó el rebozo que me cubría la cara, cuando me vieron abrazando mi mazorca rieron todos, claro yo también, lo que no sabía era porque, pero en ese momento no sabía si quería más a ellos o a mi mazorca, porque para cuando me lo quitaron me sentí nada, lloré, pero ellos rieron, así que terminé por reír también, como no entonces, iba a ser hijo del maíz, después vería que le quitaron las hojas que lo cubrían y sacaban el elote, mucho maíz, otros iguales lo echaron en un balde de hervía en la lumbre y otros lo quemaban en las brasas, una vez cocidos me regresaron mi mazorca convertido en elote, me comí esos cabellos ahora cafés, que habían perdido su textura, luego me comí uno a uno de esos varios maíces, mis fuertes dientes lo machacaban y del agua misma de los elotes tomamos, no sé si me lo acabé, pero lo volví a abrazar antes de que mis ojos se cerraran para, dormir, afuera se oía la pertinaz lluvia, el paso del viento, los relámpagos y rayos que no habían cesado, y más allá el paso del agua del rió que arrastraba todo a su paso, que el mundo se preocupe por ellos yo ya me voy a dormir.

¡El Toro se pasó del lindero mamá! gritó desesperada Reyna.
¡Corre! pancha ¡ve por él! gritó mamá
Ante la desesperación de perder el toro, mi madre quiso atravesar la tierra suelta de la loma, a mitad del camino, resbaló y empezó a rodar, trató de sujetarse de una piedra pero esta se desprendió y se le fue encima, la loma tendría como cien metros de alto, a la mitad estaba yo y vi que ella rodaba entre piedras y tierra, estiré la mano para detenerla, pero estas eran demasiadas cortas y no lo logré, oí que gritó, ¡da la vuelta!, así corrí, tratando de llegar al río que era en donde terminaba esa pendiente, cuando llegué al río, este estaba teñido de rojo
Pensé en que mi madre había muerto, de mis ojos salieron sendas lágrimas que me impedían ver con claridad, corrí río arriba, y ahí vi a mi madre, en el charco de agua y sangre; ¡toma agua mi hijo!, dijo
¡Si mamá!, busque en donde no había sangre e hice lo que me ordenaba, al regresar ya Reyna y chayito estaban con ella, al igual llorando, me tomo Reyna del brazo y me alejó del sitio para que no mirara, los veía que platicaban y lloraban y después se acercó a mi chayito y sin dejar de llorar me tomó del brazo y caminamos río abajo, todo el tiempo llorando, yo pensé que mi madre iba a morir y que ya no la volvería ver más, después de algún tiempo nos encontramos con alguien, chayito dijo algo que no entendí, más abajo otra persona preguntó que pasó, ella misma contestó entre sollozos, y así hasta llegar a la casa.
Cuando nos fuimos, fue para pedir ayuda, pero el lugar era bastante distante, Reyna también buscó a alguien que pudiera ayudar a la mamá, mientras ella, tomo su brazo derecho péndulo, roto del codo de donde emanaba sangre a borbotones, se cubrió con su rebozo y se sentó en la orilla del río, el dolor intenso y los síntomas del choque se empezaban a hacer presentes, sentía sueño, pero temía que al dormir no despertaría jamás, por lo que luchaba por estar despierta, oyó de alguien pasaba y con un esfuerzo le gritó para que la ayudara, el caminante resultó ser un vecino del pueblo, el señor Ponciano Ruiz, al verla, la reconoció aun cuando no era del pueblo, su espíritu humano hizo que lo apoyara, el solo no podía hacer gran cosa, entonces pensó en hacer una camilla, con el machete cortó varios carrizos que siempre nacen en las orillas de los ríos, y con bejuco los amarró a unos murillos, cuando Reyna llegó, llevó una mula, subieron a la paciente a la improvisada camilla y lo amarraron a la silla de la mula, así Reyna la tendría que traer al pueblo, halando a la mula y así se hizo, cuando se pudo echar a andar a la mula, esta halo de la “camilla” en el pedregoso río, ese arrastre, fue muy doloroso para la paciente, quien gritaba de dolor, más adelante, como pudo Reyna la sacó del río para tomar el camino de tierra, así caminaron un buen trecho hasta encontrar a los familiares que sirvió de consuelo para mi madre, perdió entonces el conocimiento.

Al sujetar la roca, con su mano derecha,  esta se desprendió y le originó una fractura  supracondílea del húmero, la piedra cayó sobre el codo extendido, este tipo de fracturas son peligrosas ya que causan lesiones neurovasculares, síndrome compartimental y terminan con secuelas de Volkmann y unión defectuosa, pudo haberse lesionado la arteria humeral por la saliente anterior del fragmento proximal y del nervio mediano.
El sangrado provino tal vez de alguna colateral de la arteria humeral ya que esta fue copiosa, no tuvo el síndrome compartimental, ya que se desgarro piel, tejido celular subcutáneo y músculo, permaneció varios días en cama, tal vez 5 días delirando por el dolor físico y la deshidratación tal vez cursó con choque hipovolémico llamaron entonces a los curanderos del pueblo o brujos para ser atendida y así lo fue, le aplicaron trapos quemados que le  sirvió como hemostasia, mejor dicho, como cauterio, se rodearon el brazo con unas hierbas pegajosas con la creencia que le serviría para “soldar” el hueso y lo vendaron con trapos limpios, así estuvo por varios días. 
La mañana despuntaba en el alba, se oían lamentos y lloriqueos adentro de la casa de madera con zacate como techo, afuera se encontraba alguien que después me dirían que era mi hermano y después otro más que también era mi otro hermano, obvio que a esa edad ni me dio mucho, ni nada de gusto, es más ni sabía que era eso de hermanos, pero traían una pelota, de eso si me acuerdo bien, en realidad no sé si ellos lo trajeron, pero de forma por demás misteriosa apareció aquella mañana una pelota de plástico multicolor, franjas rojas, amarillas, verdes, claro de colores no sabía pero así era la pelota, y jugarlo era la novedad, pelearíamos por ella con mi hermana y otros chamacos, pero ahí también estaba la diversión, pero también estaba una cosa que después supe se llamaba bicicleta, más al rato uno de mis hermanos se subió a ella y camino sobre ella, bueno la bicicleta caminaba ante el impulso de él, y los que estábamos veíamos, yo veía como se desplazaba por la polvorienta calle de Hidalgo, pero, eso que interesaba, lo atractivo esta ahí, en donde quedó la pelota¡¡!!??, jugamos y jugamos no sé cuánto.
Mi padre, Raymundo y Froilán estaban en Oaxaca, mi padre vendiendo paletas “victoria”, mis hermanos substiendo en la boleada, allá en la Alameda de León, el parque de 2ª. importancia en la ciudad, todo parecía normal, la gente, los coches, el sonido del viento, parecía que todo estaba en su lugar, sin embargo no era así, de pronto apareció el tío Ambrosio, compadre de mi padre, y se acercó a ray para decirle,
¡mundo!
¡tío!, ray se levantó del banquito de bolero, arrimó su cajita y abrazo efusivamente al tío. El tío con parsimonia y delicadeza con voz baja y casi al oído le susurro, ¡ten calma he hijo! Pero me urge ver a mi compadre, porque algo grande ha pasado en el pueblo, guarda tu caja porque nos vamos al pueblo, pero ¡ten calma nhì!, desviando la mirada, porque sus traicioneros sentimientos le ponían al borde de las lágrimas.
¡vamos, me llevas a donde pueda encontrar a mi compadre!    
Presurosos, los tres, acudieron a la última calle de avenida hidalgo, en donde estaba la peletería “Victoria”, el tío entró y preguntó a uno de los que estaban entregando sus cuentas de la venta del día, quien señaló hacia fuera, y con alemanes indicándole algo, salió el tío y dijo:
¡vamos a esperar he mundo, ya viene mi compadre!, nos sentamos en la entrada de la escuela “Rebsame” ahí junto, y esperamos un rato, la tarde caía, el sol iluminaba el arrebol el tinte rojizo, aquella tarde parecía muy intenso, ajeno a todo los hermanos esperaron un buen rato sin emitir palabra alguna, poco a poco se fue observando una figura que se acercaba lentamente a la peletería, ahí venía el papá empujando su carrito de paletas, cansado por el tanto caminar, tal vez haciendo cuentas mentalmente para entregar al patrón, corrieron ray y floy a alcanzarlo, quien sorprendido por este hecho, se les quedo viendo al mismo tiempo que vio a su compadre, creyendo que el compadre había llevado a los muchachos, entusiasmado por la presencia del compadre, quiso ir a saludarlo, pero este se adelantó para decirle:
¡Tenga paciencia compadre, entregue sus cuentas que le tengo que decir algo grave que pasó en el pueblo!,
El papá se le quedó viendo por un momento y después sin decir palabra se apresuró a guardar el carro de paletas y entregar las cuentas al patrón, saliendo presuroso para que el compadre le comunicara lo que también los niños querían saber.
¡Tenga calma compadre!. . . volvió a repetir, entre palabras entrecortadas trato de hilvanar las palabras que le salían lentamente, sabe, es que, mi . . . co . . mi comadre, tuvo un accidente, pudo decirlo antes, de que las lágrimas rodaran por sus ojos, vamos porque tal vez no lo encontremos viva compadre, se logró oír entre sollozos, los hermanos se acercaron más para oír mejor, la mamá muerta?, no lograban entender que era eso, pero el papá había oído perfectamente, y sin más solo se logró escuchar decir, con voz fuerte, ¡¡nos vamos al pueblo!! Y empezó a caminar rápidamente, alcanzó a decir, tráete tu bicicleta mundo, tráiganse sus cosas, corrieron los hermanos a sacar lo que pudieron del lugar en donde dormian, por órdenes del papá que no les había explicado que pasó, pero que tendrían que irse al pueblo.
La única hora de salida del Fletes y pasajes para Nochixtlán es a las 10 de la noche, dijo el dependiente que vendía los boletos, y pagan cuando se suban, ¡sí señor, dijo papá!, se pusieron a platicar del accidente sin permitir que los chicos escucharan

La entrada de la terminal de autobuses fletes y pasajes se encontraba en la calle de las casas, al entrar al lado izquierdo se encontraba una barra y un mostrador con bancos a lo largo, vendían alimentos, tortas y otras cosas, al lado derecho de la entrada se encontraba un altar, al centro la imagen de la Guadalupe, a los lados varias imágenes religiosas y en el piso los floreros que sostenían las aromáticas flores, unos claveles, otras, rosas, nardos, azucenas y otros, las veladoras de diferentes tamaños iluminaban las imágenes, que reflejaban el estado de ánimo de quienes los habían pintado, la sumisión de las gentes entonces era evidente y el compadrito, papá, ray y froy se inclinarían a rendirle tributo a las imágenes persignándose al unísono,  que representaban en ese momento la única esperanza de sobrevivencia para la madre, papá se hincó al frente de las imágenes y una rápida suplica a las imágenes le hizo el momento más reconfortable, una vez repuesto, miraron el lugar, adelante estaban 2 escalones, a lado izquierdo una barra que corría hasta la entrada para el acceso a los autobuses, atrás de la barra, las taquillas, de lado derecho la sala de espera se extendía del término de los escalones hasta la pared, una maderas gruesas que cubrían al viejo cemento se podían ver, y servían  de asientos, la gente caminaba halando sus chivos y cargando sus guajolotes y pollos unos para afuera de la terminal y otros entrando, las 7 de la noche, el movimiento era fluido, se acercó papa para preguntar la próxima salida al pueblo, lográndose escuchar decir, la única hora de salida del Fletes y pasajes para Nochixtlán es a las 10 de la noche, dijo el dependiente que vendía los boletos, y pagan cuando se suban, ¡sí señor, dijo papá!, ya se lo había dicho pero la angustia le hizo ratificarlo, se pusieron a platicar del accidente sin permitir que los chicos escucharan, que además ajenos a los acontecimientos se salieron de la terminal a mirar afuera a los pocos carros y gentes que se desplazaban, por su parte el compadrito y papá salieron de la terminal y caminaron unos 5 metros para entrar a un expendio de mezcal y comprar su cuartito para el viaje, que solo les duro un rato, pero suficiente, para cuando salieran a comprar otro cuartito ya el expendio se había cerrado.
¡¡Pasajeros a Pueblo Nuevo, Etla, Suchilquitongo, llano verde, la carbonera, Nochixtlán, Yanhuitlán,. . . etc.!! se oyó decir de alguien que gritaba en la puerta de entrada de pasajeros, ¡¡ese es!! dijo papá y corrió junto con el compadrito, se alcanzó a oír ¡¡tráete tu bici mundo!!, los chicos ya habían corrido, pero regresaron por su bici, subieron a empujones para lograr un asiento y para apartar los lugares y no ir parados todo el largo viaje, se encargarían de subir la bici ray y froy entre gritos de la gente y de los animales que subían en el capote del carro, una hora después empezaría a caminar a jalones el viejo carro de fletes y pasajes, repleto de todo entre grito y gritos lograron reunirse, papá cargaría en sus piernas a ray y froy quedó parado después se turnarían, así el largo viaje comenzó pasando cada uno de los numerosos pueblos, hasta llegar a Nochixtlán, ¡¡ Los que bajan en Nochixtlàn!! Grito alguien, no, dijo el compadre mejor en Sinaxtla, así más adelante gritaron papá y el compadre,¡¡bajan, bajan!!, en la espesura  de la noche descendieron de carro, gritaron que le bajaran sus cosas y la bici entre el farfullar del machetero, emprendieron el viaje a Tidaa, por un camino de herradura ya que camino no había, cuando el papá y el compadrito empezaron a caminar estos lo hacían tan rápido que ray y froy con su bici no podían avanzar por lo accidentado del camino, caían y ray le gritaba a froy, ¡¡empújale, empújale!! Avanzaba la bicicleta y se oía otro grito de ray ¡¡apúrate santos y súbete, pero rápido!!, ya no se lograba ver al papá si la noche no le permitía, menos desconociendo el lugar por donde caminar en bici, de tiempo en tiempo el papá los esperaba para regañarlos que no estuvieran jugando y se apuraran, tal vez tuvieron ganas de decirle que no estaban jugando, pero no importaba, era natural que el papa siempre los regañaba por cualquier cosa, así entre la oscuridad y caídas, llegaron después de 3 horas de camino a la casa del pueblo, para conocer las condiciones de la moribunda mamá.

Una mañana cuando el cantar de los gallos era más intenso, reina me tomó de la mano y me limpio la cara con un trapo, bueno tal vez con su rebozo, friccionó en dos ocasiones mi mocosa cara, no sé si quede limpio o me embarró más, tampoco ella lo sabía, me llevó a dos cuadras de la casa a jalones, yo no sabía para que, tampoco tenía opción de elección, llegamos a una casa que me pareció enorme, jamás había visto algo así, en mis 4 años de vida o quien sabe cuántos, las paredes de adobe corrían a los lados largamente a la derecha y a la izquierda, el ancho no lo era tanto y de alto también estaba alto, con maderas que sostenían a techo de tejas, claro así era, aunque no sabía yo de los materiales, me impresionó una construcción tan enorme, algo hablaba Reyna con alguien pero a mí no me interesaba, veía que asistía la cabeza, yo me concrete a mirar absorto tan magnifica construcción, una casota de adobe más alto que largo y menos ancho, después me enteraría que era la escuela del pueblo, no sé qué tiempo estuve admirando tal edificio, salimos y caminamos pero la casa no se alejaba, ahí estaba, muchos pasos después la casa se fue reduciendo de tamaño y después desapareció, después me llevaría nuevamente, por la tarde se dice, es decir me enteraría que en el día había 2 días uno en la mañana y otra en la tarde, y vi que en la escuela algo le decían a Reyna y ella lo hacía un trapo que después supe tejía, si me gustaba ir a la escuela era para ver la casota solamente.

Los perros labraban escandalosamente tal vez 3 o 4, se agitaban y se oían desesperados.
¡¡Mingo!! ¡¡Mingo!!, levántate rápido, decía chayito
¿¿Pa’ que? Le conteste somnoliento
¡¡ Los coyotes!! ¿Oyes?, los coyotes se quieren comer las gallinas, dijo chayito.
Me paré rápidamente podía pasar cualquier cosa pero que los coyotes se comieran mis pollitos bonitos ¡¡No!!, ¿Qué?. . .
Rápido, el rifle, y tomó el rifle calibre 22 de dos cartuchos, se lo puso en posición de disparar y me dijo, ven vamos a matar a los coyotes, abrió la puerta de carrizo, el cacaraqueo de las gallinas era escuchado por la agresión de los coyotes, los perros ladraba estrepitosamente y parecía que buscaban atacar a los agresivos y salvajes animales, la oscura noche solo permitía ver el reflejo de los ojos de los perros, sabíamos en donde se encontraba el gallinero así que salimos, ella adelante con el rifle dispuesto a ser disparado cuando fuera requerido yo atrás protegiéndole la retaguardia agarrado de su vestido dispuesto a defenderla aun con la vida misma, los perros se acercaron a nosotros ya que nos vieron dispuesto a matar a los feroces coyotes, cuando los coyotes nos vieron emprendieron la huida, bueno, la verdad es que ya se habían llevado una gallina para su cena y los perros nos rodearon para protegernos, y cuando ellos lo vieron prudente que no corríamos peligro, persiguieron a los coyotes, que generalmente se alejan cuando escuchan el ruido del movimiento de la puerta, sin embargo, nuestra valentía quedo de manifiesto y nosotros quedamos satisfechos de haber corrido a los feroces coyotes, regresamos a casa y fue cuando me di cuenta que solo estábamos nosotros dos, pero estábamos seguros que esos horribles animales no se acercarían jamás a la casa del rancho.
Los compromisos de los papas frecuentaron y solían dejarnos dormidos, claro eso creían ellos, así, una noche en la plenitud de la oscuridad en una reunión secreta urgente llegamos al acuerdo de seguirlos para ver a donde iban, y así cuando ellos salieron, cerraron la puerta y empezaron a caminar un momento después, nos paramos y sigilosamente salimos tras ellos, caminamos estratégicamente a una distancia prudente agachados para que no nos vieran en la espesura de la fría noche, la lámpara que ellos llevaban nos indicaban el camino, los seguimos no sé cuánto, llegaron y entraron a una casa de quien sabe quién, poco a poco, nos acercamos y vimos entre la separación de los carrizos a mucha gente ataviada de su vestimenta de gala, platicaban y tomaban y reían, la música se escuchó y empezaron a juntarse agarrados de las manos para bailar, y daban vueltas y paraban y daban vueltas, después se soltaban de las manos para rápidamente volvérselos a tomar, al terminar la música volvían a sus asientos a seguir tomando y platicando y riendo y se volvía a repetir otra escena igual nuevamente, a que fastidio, dijimos, vámonos dijo chayito y emprendimos el regreso, ahora sin linterna  a oscuras y rápido antes que los papas se les ocurrieran salir así entre caídas, tropiezos y miedo, más a los papas que a la noche, llegamos a la casa del rancho y a meternos a dormir como niños bonitos.
Los días y las noches pasaron, los días eran larguísimos y las noches muy cortas, siempre me quedaba con sueño, la casa era grande, muy grande, de adobe con techo de tejas, adentro muy amplio, había una escalera al cual no estaba permitido subir, era el tapanco, en donde se guardaba la cosecha, habían mazorcas, calabazas, chilacayotes, muchos, abajo del tapanco, se guardaba el barzón, el arado, es decir todos los implementos del campo, mamá hacia la comida al extremo opuesto, ahí tenía su comal junto a ella el metate con su mano, movía y movía el metlapil, le ponía el maíz, y lo molía, metía la mano en una jícara con agua, se mojaba una y tomaba de un solo movimiento el producto de la molienda y se lo ponía en una mano y con la otra la golpeaba hasta reducirla tanto que se extendía a los lados, cuando ya estaba delgada con otro rápido movimiento lo dejaba caer en el comal que ahora estaba ya bien caliente, reparaba los posibles agujeros dejados con uno de los dedos y con agua que le servía para resanarlo, un momento después, lo volteaba para cocer el otro lado, sin dejar de moler lo que sería la siguiente tortilla, también ponía el jarro de barro para el café y por otro lado molía en su chirmolera chile y tomate con agua, si había calentaba o hervía los frijolitos, y luego llamaba al papa para comer, quien se sentaba en un banquito o una piedra junto a la lumbre y comía, cuando él se paraba para irse nos llamaba a los hijos, que yo acudía rápidamente, a que rica comida, suculenta no, pero riquísima comida, la tortilla calientita que casi me quemaba, lo doblaba en forma de taquito porque así lo hacia el papá, lo remojaba en la salsita o en los frijolitos, a partí, ti, decía cuando estaba caliente, si picaba un sorbo de cafecito caliento lo hacía más sabroso, tal vez era la única comida al día o en dos días, pero cuando había, que rica comida, en otras veces, me parecía que la tortilla caliente se le sumergía en la salsa, con más chile que tomate, y se hacía lo que era el Ticucu, ¡ha! Que rica comida, la más rica del mundo, de todo el mundo, pero si alguna vez había amarillito o armadillo con amarillito, o carne de conejo o de venado cuando había, que rico, pero cuando había hongos con amarillo ò con jiotes, pero si no había nada, con el ticucu, era más que suficiente, y los días pasaban, las torrenciales aguas no me asustaban porque estaba acostumbrado a ello, llovía día y noche y noche y día, si de día, los relámpagos y truenos se escuchaban seguidos, caían rayos en la montaña, si de noche, los relámpagos iluminaban la oscuridad los truenos me hacían estremecer y los rayos prendían algunos árboles que la misma lluvia apagaba, el miedo no existía al menos cuando uno nace y crece con esos efectos naturales la mente lo toma como normales, poco a poco uno aprende a tenerle miedo a la naturaleza,  porque mamá me pedía hincarme y rezar, nunca aprendí a hacerlo, ella ordenaba junto con papa que debíamos rezar quien sabe para que servía si de todos modos seguía lloviendo, así también colocarían unas palmas en las puertas, dizque benditas para ahuyentar al demonio, que tampoco conozco, a mi edad decía, ahí que recen ellos, yo me voy a dormir, y sí salía a algún mandado de mamá, tenía que cruzar el río grande el cual se cubría de agua  y con una fuerte corriente ocurría lo mismo con río chico, así que salir fue un tanto difícil, de esa forma transcurrieron las horas tristes, pero en ese tiempo no conocía la tristeza, entonces los días pasaban, cuando la llovía se iba, las montañas se cubrían de verde un verde hermoso, no sé si hay verdes feos, pero los montañas se veían hermosos, enfrente de la casa se alzaba otra montaña gigante y atrás de ella otra más grande al norte otra montaña también alto, al sur otros más pequeños y al oriente un cerro chaparrón donde se dice que se oculta unas ruinas arqueológicas no descubiertos, mi pueblo, es uno de los privilegiados ya que cuenta con agua suficiente con un manantial entre las montañas, cuando estaba en el rancho salía  al monte y ahí tomaba de la naturaleza unas manzanitas rojas, me gustaban mucho, se llamaban pingüitas, también me encantaban los duraznos, la manzana, el membrillo, los tejocotes, el zapote negro, el chayote cocido, pero también la papa cocida y otros más, no me gustaba bañarme porque el agua fría me daba dolor de cabeza, más en las mañanas cuando había que pasar el río grande y existía una capa superficial de hielo que al pisarlo el frío traspasaba el cuerpo hasta llegar a la médula, ¡¡haaa que frío!!, pero había que pasarlo, lo que recuerdo de la casa de mis padres de hidalgo num.8, era un árbolito que estaba en la orilla de la calle a mitad del patio, estaba alto y cuando no se daban cuenta me subía en él, creo daba un fruto, a los lados del árbol se encontraban unas nopaleras que se cubrían de tunas, enfrente de la casa estaba el molino del pueblo y después le seguía la iglesia para llegar a la cancha de básquet y luego la escuela.
Cuando las festividades religiosas se presentaba una de ellas era la llamada semana santa, uno de esos días para mí era bastante traumático, recuerdo haber sido llevado a la iglesia, en donde la luces estaban apagados, la oscuridad reinaba, el silencio acompañaba a ese escenario, de pronto se oía un ruido estridente, y del techo se veían salir unas figuras horribles, así lo veía yo, se desplazaban a través de una línea que no se veía por la oscuridad, pero que parecía que se acercaban en donde yo estaba, se acompañaba de un ruido estridente, cerré los ojos y me aferré del vestido de mi madre, ahí conocí el miedo, no volví a abrir los ojos hasta salir de ese lugar, cada vez que había que ir a la iglesia, recordaba ese pasaje horroroso, por lo que las veces que podía evitar ir a la iglesia, lo hacía con cualquier pretexto. 
Eran las 5 de la mañana, bueno creo, fui despertado de mi profundo sueño por la voz melodiosa de mi madre, ¡Mingo! levántate ya nos vamos, no le hice caso, ya que yo no tenía compromisos esos días y menos a los 5 años de edad, tomé mi cobija y me volví a querer dormir, sin embargo otra voz más enérgica me despertó ¡¡Mingo!!, levántate, era la voz de mi papá, en fin de mal humor, tuve que levantarme, mis parpados se pegaban y aún parado seguía dormido, ya vámonos dijeron, bueno me dije, que se vayan yo sigo dormido, pero un jalón me hizo saber que yo estaba incluido en el viaje, alcancé a decir de mal humor, ¡¡está bien!!, me voy pero ya nunca regreso, creo que fue premonitorio, con el tiempo lo recordaría muchas veces, me dieron a cargar un cochinito o un animal que no recuerdo, para llevarlo quien sabe a quién, salimos de esa casa tan hermosa que tanto me gustaba, el camino estaba oscuro, caminamos y caminamos, no sé cuánto, cuando el alba despuntaba, se veía un camino en forma de columpio que nunca antes había visto, hasta donde mi vista daba hasta ahí se veía esa carretera, ¡ha sí!, era la carretera Internacional 190, que venía de Huajuapam y después supe que es la que atraviesa toda la República Mexicana, mi primera impresión fue de maravilla, asombrado me quedé mirando esa carretera, del lugar en donde estábamos se veía hermosa la carretera, ¡¡ahí viene!! Se oyeron voces, ¡¡ahí viene!! Y todos se preparaban, quien sabe para qué, yo trataba de buscar quien venía y no veía nada, pero poco a poco fue apareciendo algo que se movía lentamente a la dirección en donde estábamos, sorprendido me quedé mirando que se acercaba a nosotros cada vez más, era algo chato, que sacaba mucho humo y hacia mucho ruido, se veía chistoso, pero para mí algo sorprendente, era la primera vez que veía un autobús, llegó hasta donde estábamos, alguien me halo del brazo, y todos los que estaban en ese lugar se empezaron a mover y a subir al autobús, mi padre me cargó y subió rápidamente, en ese lugar había asientos de 2 personas, arriba unos porta canastos o portabultos, ahí subían sus guajolotes, gallinas, bolsas de maíz etc., no todos alcanzamos lugar algunos nos quedamos parados, por un momento dejé de ver a mis hermanas, en verdad no me preocupaban, porque, azorado como estaba de tanto movimiento no recordaba a los demás, entonces empezó a caminar el carro, ¡¡rum, rum,  rummmmm!!, a Oaxaca, a Oaxaca, se oía el grito de alguien, empezó a percibirse un olor desagradable, después supe que era diesel, así el autobús siguió caminando, por momentos, mi mamá me subía a sus piernas y me tapaba la cara, pero cuando me descubría veía que los árboles corrían muy rápido, pasaban por la ventana y se iban, los cerros se acercaban cada vez más, y de pronto una sensación de mareo se apoderó de mí no sé si era mi cabeza la que daba vueltas o eran las cosas, o era yo el que daba vueltas, sentí en el estómago que algo se revolvía, sentí deseos de correr, quise zafarme de los brazos de mi madre, quien ajena a mis molestias me tomó más fuerte aprisionándome sobre su cuerpo, y de pronto, ¡¡whaa!!, después me enteré que era vómito, ¡wuacala!, después de unos minutos que mi madre me limpio o embarró de aquello, entré en un profundo sueño reparador anti vómito.

Me despertaron para bajar del autobús, llegamos a la terminal de Fletes y Pasajes, bajaban todas las cosas, animales, entre gallinas, guajolotes, cochinos, chivos, etc., salimos de la terminal, ubicado en ese entonces en Mier y Terán y las Casas, caminamos hacia el sur, llegamos a un plan, más allá cubierto de ramas y carrizos, en donde se encontraba el río Atoyac, antes existía un camino que estaban aplanando lo que con el tiempo llegaría a ser el periférico, en medio se encontraba los rieles de ferrocarril, mi padre nos diría que caminaríamos, sobre ellos y así lo hicimos, después de un tiempo llegamos a lo que se conocía como el
 
empalme, porque ahí era una estación del tren, del oeste llegaría el tren proveniente de Tlacolula y del sur el que llegaba de Zaachila, se componía de un pasillo de unos 5 metros de ancho en medio estaban unos muros de cemento que sostenían las galeras de aproximadamente 2 metros de alto, entre los muros se hallaban las bancas de cemento pegados por el respaldo, en donde descansaban los pasajeros o esperaban el tren, terminaba con la caseta de venta de boletos, con letras grandes se anunciaba “TAQUILLA”, en verdad no sé cuánto costaba un boleto, terminaba ese empalme y a unos metros se encontraba la entrada del puente “Porfirio Díaz”, por un lado estaba el paso del tren y por el otro el de los coches y camiones, sin banqueta para el transeúnte, por lo que pasar en ese lugar, debía ser con mucha precaución, al terminar el puente, se atravesaban los
rieles del tren, estos se continuaban entre ramales rumbo a Zaachila, un poco antes y hacia abajo, estaban las entradas al río Atoyac, siempre caudaloso, y grandísimo y de aguas limpias, después de atravesar los rieles del tren estaba una caseta de jugos en la “Y” que dividía el camino, a la derecha era para ir a San Juan Chapultepec, a la izquierda
para Xoxocotlán, siguiendo este camino, pasábamos el “pozo”, lo conocíamos así porque ahí nos abastecíamos de agua en un pozo en terrenos propiedad de los Villanuevas, más adelante se encontraba una curva y después la subida a la colonia Santa Anita, lo que sería nuestro camino por largos 20 años, subimos por algo que en ese tiempo no era camino, sino una vereda formado por el descenso del agua, así que estaba entre piedras y ramas, escalamos por largo tiempo hasta llegar a la parte alta de donde se veían, escasa casas en el horizonte, al Este se lograban observar el caudaloso río Atoyac, que se perdía hacía el sur, allá muy lejos entre terrenos extensos de cultivos de Maíz y alfalfa, enfrente, se veían unas casas de lo que se conocía como la colonia Miguel Alemán, y se lograba seguir el camino del tren serpenteando para perderse más a los lejos, mirando al otro lado del río, para el norte, se observaba, el triplay de Oaxaca, una fábrica de Madera, después el río, luego el empalme, le seguía la ciudad, se lograba observar el cerro del fortín, y después siguiendo hacía el Oeste se encontraban nuevamente los llanos verdes de cultivos, el paisaje era de lo más hermoso, claro que apreciarlo a la edad de 5 años, era difícil, aquella vez llegamos a una casa de carrizos con techo de láminas de cartón, ya ubicados y viendo hacia el paisaje, por el lado derecho, se pasaba la casa de la “güera” para llegar a un cerro lleno de malezas y árboles en donde corríamos para ir la excusado, entre los matorrales, caminar por esos lugares en tiempos de lluvia, era peligroso ya que todo era monte, había hacia el sur , una pendiente que se atravesaba para llegar al otro lado, ahí me pase un tiempo cuidando un borrego que nunca nos comimos porque resulto estar lleno de gusanos, ese borrego era como mi hermano, sin ofender a los demás, porque me pasaba mucho tiempo con él, así lo pastoreaba por esos montes, lo llevaba al río Atoyac, me peleaba con él, cierto día me dio una cornada en el estómago que me tiró, aturdido, me paré sin saber del todo que había pasado y volví a recibir otra cornada que me volvió a tirar, esta vez ya mas consiente, agarre piedras y le di unas pedradas y pedradas, luego halé un palo y le di muy fuerte, estoy seguro que no se quejó con mi mamá, y también estoy seguro que no fue la causa de que tuviera gusanos en la panza, con el tiempo construyeron en la parte baja y colindando con la colonia Santa Anita una casa de 2 pisos y en la parte de arriba lo ocupaban para disparar a los chivos que soltaban en el cerro, donde habían hecho un camino para ello, los miércoles de cada semana, acudían a entrenamiento, se ponían en posición y gritaban ¡¡Suelten el chivo!!! entonces el chivo corría por el camino y les disparaban ¡¡banm, banm, banm,!! Y luego gritaban, ¡¡Alto el fuego!! Y salía el que soltaba a los chivos, para ver si le había dado, en ese día no íbamos al excusado para no ser confundidos y que nos tocara un balazo de los “cazadores”.